
¿Cómo explicar la muerte de una persona querida sin conocerla? Roberto Fontanarrosa es un amigo al que nunca ví de cerca. Un tío que nunca me llevó a la calesita. Un rival del fútbol al que nunca insulté. Un dibujante que me hizo sonreir. Un cuentista que me hizo soñar.
Tal vez sea ahora el momento del reconocimiento masivo. Hablaremos todos los todólogos de su "obra sencilla y emocionante", de sus "pinturas de la realidad cotidiana". Yo no. Para mí es (siempre en presente) uno de aquellos pocos que trascienden su obra. Es genial en lo suyo, y maestro en lo de todos.
La cancha y el café, la joda y los amigos, el potrero y la charla. Seguramente Clarín sacará un especial, y allí se enterarán los que no saben de qué se trata. Y luego vendrán sus obras completas "opcional con tu diario del domingo".
Nos enteramos hace minutos. Y todas las reacciones fueron similares. Tristeza, sí. Pero acompañada de algún gesto de cercanía, que era lo que generaba. Sería bueno, al recordarlo, intentar despegarse de los lugares comunes. Aunque él mismo, siendo "tan común", es quien dificulta la tarea.
Es el compañero Fontanarrosa. Lejos de cuestiones políticas, artísticas o literarias (qué lejos estamos todos de lograrlo...) es un compañerismo que se resume en una frase de su autoria: "Querer que el ocio sea productivo me resulta demasiado pretencioso".
Estamos de acuerdo.
1 comentario:
Siempre dije que escribías muy bien... qué bueno poder leerte más seguido.
Y del negro qué te puedo decir? Sólo que comparto la tristeza.
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