
Para los amantes del deporte más apasionante y convocante de la Argentina, hoy es un día de gloria. Es que dos meses sin fútbol es demasiado. El lector recordará con razón que en ese lapso se jugaron la Copa América y Mundial Sub 20. Pero está claro que el hincha necesita ver a su equipo. Lamayoría elige a los colores de su equipo por sobre los del seleccionado.
Pero el que comienza parece no ser un torneo más. No augura, al menos en la previa, espectáculos brillantes ni jornadas soleadas pletóricas de alegría y vacías de violencia. Hay abundancia de puntos en contra, aún antes de comenzar.
-La Asociación de Fútbol Argentino (AFA) consensuó con los diferentes organismos de seguridad la reducción al 50 % del público visitante en los estadios. ¿Qué garantías aporta esta medida? Absolutamente ninguna. Es probable que todos los barras estén presentes. Imposible imaginarlos antes del encuentro dejando afuera a uno de cada dos. Los que asistimos a las canchas sabemos que ellos tienen prioridad. Y que manejan un remanente importante de tickets para revender. Sufriremos entonces por conseguir una ubicación y también sufriremos a la salida. Porque seremos poquitos y presa fácil para la parcialidad rival.
-Coincide esta medida (naturalmente) con la incorporación del dios de la posmodernidad futbolística: la televisión. Esta vez en forma plena. Diez partidos televisados, cinco por cable, cinco por codificado. El mensaje es claro: no vayas de visitante, quedate en casa que por $25 mensuales los tenés a todos. Además, se espera un aumento considerable en el valor de la entrada, lo que allanaría aún más el camino al desarrollo profundo del "telefútbol". No está mal: los jugadores, en el último lustro, han desarrollado mayor cantidad de capacidades actorales que deportivas.
-Podríamos comenzar a hablar de fútbol. Pero en este plano tampoco podemos dejar de mencionar a una dirigencia incapaz. Si hace un año festejábamos el retorno de grandes figuras en un estado aceptable (Verón, Cristian González, Riquelme luego) ahora lamentamos la fuga de buenos pies. Un repaso simple arroja grandes resultados: Lavezzi, Daniel Díaz, Ustari, Bergessio, Farías, Carrizo, Bolatti, Ledesma, y muchos más. En cambio, los refuerzos que llegaron no alcanzan los jerarquía de los emigrados. Excepto el caso de San Lorenzo, que repatrió a Romeo y Bilos.
-Tres de los cinco equipos grandes atraviesan procesos de crisis profundas. River, con su anarquía y su pobreza que ubican a este plantel entre los peores de su historia. Con un presidente impresentable y un entrenador que se reinventa cada año (para peor). Y una incorporación de ¿lujo?: Sixto Raimundo Peralta. Independiente, que pareciera poner sus cañones en la construcción de su nuevo estadio (veremos veremos después lo sabremos), con su plantel austero y un técnico un tanto payasesco que puede dar muchisimo (problemas o alegrías, usted elige). Y Racing... con un De Tomaso que realmente pelea por ingresar a la galería de Grandes Presidentes Deplorables (aún sin serlo). Aunque si uno repasa los nombres podría llegar a ser un buen equipo. Pero claro, existe un detalle: los jugadores juegan por plata y hay que pagarles.
-San Lorenzo. El campeón ha hecho las cosas realmente bien. Vendió lo lógico e incoporó valores que, con continuidad y paciencia, le pueden dar un salto de calidad. En el debe queda la inexplicable incorporación de los hijos de Ramón Díaz, síntoma de que el riojano ya ha sido endiosado en Boedo, y sabemos que eso no es recomendable. Los entrenadores no pueden ser más importantes que un equipo grande.
-Boca arrancaría como el candidato más firme, aún sin Riquelme. Con los notables resultados de los últimos años, el nuevo Rey de Copas ha encontrado una química especial: quienes se ponen la camiseta rinden más de lo que lo harían en cualquier otro lugar. Al contrario de lo que sucedía en épocas en las que la azul y oro pesaba toneladas.
-En un segundo escalón se ubicarían Vélez y Estudiantes, los semi grandes. LaVolpe es un técnico que, a mi entender, amenaza con hacer algo grande alguna vez. Aunque hasta el momento se ha dejado acorralar por su propio ego. Y al Pincha se le ha escapado el 75 % de su póker de ases (Calderón, Pavone y Sosa) y no los ha reemplazado como se debe.
-El resto de los equipos oscila entre armar algo digno en el mercado de retazos y conservar lo bueno conocido. Tal vez sea Arsenal quien mejor se reforzó y el que le da una continuidad a un proyecto conocido: juego rudo, pelota parada, jugadores fuertes y grandes... y algunas ayuditas provenientes de la calle Viamonte.
La pelota comienza a rodar en pocas horas. Con las ilusiones de siempre y las desilusiones que ya han sido incoporadas a la cotideaneidad del ser hincha: maltratos, mentiras, incomodidades e indignación. Y con una situación que es una perfecta acuarela de esta realidad: River Plate, tu grato nombre, el gran campeón del fútbol argentino, el Millonario, hizo trampa y le robó a Racing a uno de sus jugadores. ¿Maxi Moralez? ¿Gustavo Cabral? No, Hilario Navarro.
Bienvenido fútbol argentino. te extrañamos mucho. No te olvides el bastón.
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